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Guía para analizar la planificación
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Claridad de las consignas. Redacción, cantidad de información, (¿está
claro lo que solicitan como capacidad?).
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Autenticidad: el sentido de la propuesta, ¿contempla algo de lo
situacional, del contexto, de la vida real?
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Coherencia entre los objetivos, las propuestas de actividades y las
consignas que se les ofrecen a los alumnos.
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¿Ofrece posibilidades para que el alumno elija? (pueden ser recursos
diferentes para analizar, o productos diferentes para realizar, por ejemplo)
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¿Ofrece consignas obligatorias y optativas?
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Autonomía: grado de protagonismo del alumno.
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¿Propone el uso de diferentes espacios físicos?
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¿Contempla contenidos que atiendan los intereses de los estudiantes?
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Los criterios de evaluación, ¿están explícitos y son compartidos con
los alumnos?
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¿Se propone variedad en los tipos de agrupamiento de los estudiantes?
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¿Incluyen consignas referidas a la autoevaluación o reflexión sobre el
propio proceso de aprendizaje?
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La literatura existente menciona que la
planificación o programación articula tres funciones básicas en relación con
los procesos de enseñanza:
. una función de regulación y orientación de la
acción, en la medida en que se traza un curso de acción y se define una
estrategia que permite reducir la incertidumbre y dar un marco visible a la
tarea;
. una función de justificación, análisis y
legitimación de la acción, en la medida en que permite otorgar racionalidad a
la tarea y dar cuenta de los principios que orientan las decisiones;
. una función de representación y comunicación, en
la medida en que permite plasmar y hacer públicas las intenciones y decisiones
pedagógicas en un plan, esquema o proyecto –que puede presentar grados de
formalización variable–.
Sin embargo, el programa o planificación constituye
siempre una representación anticipada de un proceso y de cierto estado de cosas
que pueden preverse sólo en parte: la práctica presenta espacios de
indeterminación (Schön, 1997), situaciones y problemáticas que resulta
imposible anticipar. Por eso, se trata
siempre de una hipótesis de trabajo que expresa las condiciones en las que se
desarrollará la tarea, que ofrece una especie de cartografía a la que es
posible recurrir para buscar información o para reorientar el proceso.
Los alumnos, ¿condicionan la configuración de la
enseñanza?
Para todos aquellos que hayan experimentado la tarea de
enseñar, no es necesario aclarar que no existe un único modo de enseñar, y
menos que resulte válido para todos los alumnos: las prácticas que fueron
eficaces con algunos alumnos pueden resultar ineficaces con otros.
Podemos pensar en un profesor o profesora que haya
planificado y llevado adelante una actividad con un grupo de alumnas y alumnos,
y seleccionado un material de enseñanza que le haya resultado apropiado para
los propósitos perseguidos. Podemos también suponer que, al año siguiente, en
la misma institución, en la misma asignatura y con el mismo tema haya decidido
utilizar el mismo material y los resultados no hayan sido los que esperaba. Lo único diferente era el grupo de alumnos.
Este es un ejemplo que seguramente no es ajeno a la experiencia docente.
Es imprescindible poder identificar las necesidades y los
intereses de cada grupo de alumnos, conocer sus diferencias individuales y sus
características grupales, dado que esta contextualización es central para la
enseñanza.
Aceptar que cada alumno y alumna es diferente es
relativamente fácil. Reconocer que la conformación de un grupo es heterogénea
también lo es. El tema se vuelve complejo al tener que planificar, enseñar y
evaluar teniendo en cuenta esas diferencias. Se trata de alumnos con estilos de
aprendizaje, niveles de conocimientos, ritmos, actitudes, trayectorias y
experiencias, e intereses diferentes. El hecho de reconocer esas diferencias
trae implicancias en las decisiones de planificación y en la puesta en marcha
de la enseñanza. La consideración y el respeto por la diversidad y
heterogeneidad de los grupos de estudiantes, que es ineludible, es central a la
hora de considerar la enseñanza.
Cuando pensamos en una enseñanza diferenciada, queremos
significar que los estudiantes tengan múltiples oportunidades y opciones para
acceder a la información, comprender las ideas y comunicar lo que aprenden. Es necesario considerar las condiciones que
favorecen los aprendizajes.
¿Cómo pensar propuestas de enseñanza para aulas
heterogéneas?
Según Anijovich (2014), considerar el aula heterogénea implica ubicarse desde el paradigma de
la diversidad. Este concepto apunta no solamente a considerar las
variaciones existentes en una población de alumnos en lo que respecta a sus
logros de aprendizaje, sino que incluye diferencias relevantes a la hora de
abordar la enseñanza: origen, etnia, cultura, lengua, situación socioeconómica,
características personales, estilos de aprendizaje, inteligencias,
inclinaciones, necesidades, deseos, capacidades y dificultades, entre otras.
Tener en cuenta estas variables para el diseño de propuestas educativas permite
que el aula pueda ser pensada de manera homogénea de acuerdo con criterios como
los objetivos a alcanzar en un área del conocimiento o la capacidad de
aprendizaje de los alumnos, pero también que sea considerada en su diversidad
si reparamos en la diferencia específica de los individuos. En estas aulas, todos los alumnos, ya sea
que presenten dificultades o se destaquen, pueden progresar y obtener
resultados a la medida de su potencial real, tanto a nivel cognitivo como
personal y social.
Atender a la diversidad supone tomar decisiones políticas
y pedagógicas, implica debatir y lograr consensos acerca de qué es lo común que
todos los alumnos deben aprender, así como utilizar estrategias diferentes para
que todos logren un dominio básico. Una
pedagogía de la diversidad no puede apoyarse en la homogeneidad de formas de
trabajar.
¿PARA
QUÈ PLANIFICAMOS?
El
abc de la tarea docente: Curriculum y enseñanza, Aique
Palamidessi y Gvirtz (1999) sostienen que, durante la
planificación, los docentes realizan una traducción e interpretación del
contenido curricular (o contenidos a enseñar) transformándolo luego en el
contenido enseñado. El contenido a enseñar encuentra su concreción en la interpretación
que realiza el docente en el momento de planificar su tarea y de presentar sus
clases.
El contenido enseñando deriva de las influencias del
currículum, de los materiales didácticos y los textos y de la cultura
pedagógica de los docentes (lo que ha sido internalizado por los docentes a
partir de su propia formación y se manifiesta en el tratamiento que hacen de
los contenidos).
Cuando el docente se propone trasmitir determinados
contenidos, se produce otra modificación de los saberes “originarios” ya que,
nuevamente, se selecciona y adecua el mensaje. Con el fin de facilitar su
comprensión por parte de los alumnos, los docentes utilizan (utilizamos)
simplificaciones, analogías, ejemplos sencillos, aplicaciones; damos más
importancia a ciertos elementos que a otros. Se produce una nueva
transformación con el fin de generar una representación útil y accesible a los
alumnos” (pp. 37 – 38).
La
planificación es una tarea que el docente realiza periódicamente con la
intención de guiar la práctica en el aula, los modos de llevarla a cabo y de
plasmarla en un documento oficial.
La planificación supone comenzar por actividades como
motor para propiciar el aprendizaje de los alumnos. El plan de clase responde a las necesidades de los alumnos y a los
propósitos que van emergiendo más que a contenidos y objetivos predeterminados.
Contreras Domingo (1990) sostiene que el enfoque procesual concibe el proceso
de programación y la tarea del docente como una práctica más reflexiva y
autónoma, ya que el profesor toma conciencia de las exigencias y dificultades
de la práctica.
La planificación docente se relaciona con un conjunto de
decisiones que toma el docente a la hora de pensar su clase y llevarla a la
práctica.
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